-¿Y por qué elegiste tú Bruselas como destino Erasmus?
-Eso mismo me pregunto yo.


lunes, 12 de noviembre de 2012

5. Grandes personas


Una vez he asumido que este blog va a quedar más que escaso y que de Bruselas estoy hablando poco… le pido a ustedes que me perdonen y permitan una actualización que resultará excepcional por la frecuencia y el contenido.

 La idea de este blog iba a ser buena. Tenía material para serlo: una experiencia única como es la mitificada Erasmus. Pero lo cierto es que no quería convertir este rincón en internet en un “Facebook (bis)” y fundirles la paciencia a base de fotos, así que ideé esto con la intención de que se convirtiera en una especie de diario de vivencias en esta ciudad. A día de hoy, y menos es nada, creo que sólo he cumplido lo primero: porque pocas fotos hay de mi, pero tampoco hay tantas vivencias. De todos modos aún estamos a tiempo, aunque ya he sobrepasado el ecuador de todo esto, cosas de irse sólo un cuatrimestre. 

Si algo he aprendido a estas alturas es que a menos que caigas en una isla con osos polares de la jungla ningún lugar puede ser protagonista de nuestras vidas, y se lo dice alguien que conoció en un lugar tan peliculero como París hace más de dos años a la persona que sería su pareja en la actualidad. Todo depende de nosotros y de las personas que nos rodean en cada momento. Creo firmemente que es lo más importante. Y por eso voy a confesar aquí que la Erasmus es, además de innegablemente una experiencia enriquecedora e inolvidable, también algo que está llamado a hacerte madurar y apreciar lo que se deja atrás. He pasado veintiún años camino de treinta conociendo a gente de todo tipo, y seleccionando a gente que han conformado mi familia en cierto modo. Una que lejos de la biológica no está genéticamente predispuesta a estar ahí siempre, y que exige una atención y unos cuidados que uno gustosamente presta porque le son devueltos con creces.

Ya verán por dónde voy: se les echa de menos. Es por esto que hoy quería dedicarle a esa gente, a esa familia en constante evolución, esta entrada. Porque es cierto que la Erasmus te cambia. Y quizás dentro de unos meses vuelva a su lugar de origen un Fran algo distinto, o con una perspectiva algo diferente ante ciertas cosas, y que lleve bajo el pecho grandes recuerdos que convivan con él durante décadas. Pero la persona que vuelva no podría existir sin la persona que se fue. Porque yo creo que somos producto de, al menos mayoritariamente, el entorno que nos rodea. Y si, aún a riesgo de pecar de soberbia, creo que el chico que se fue y que aterrizó en Bruselas un 4 de septiembre era una gran persona, también creo que lo era porque siempre se intentó rodear de la mejor compañía, de grandes personas que le hicieron ser otra gran persona. Así que es de justicia dedicarles un reconocimiento, y dejarles por escrito lo que tuve oportunidad de decirle a uno de ellos hace no mucho... que por muy lejos que nos lleve la vida siempre tendrán un hueco en mi mente y en mi corazón.

jueves, 4 de octubre de 2012

4. Después la Lluvia.


Disculpen el retraso. Pero me hice una promesa a mi mismo. Es que soy agnóstico, ¿saben?, y no creo en muchas cosas. Sí, creo en algo, como dice mucha gente... pero si ellos saben qué narices significa eso dichosos sean. Así que cuando alguna vez me da por prometerme algo intento cumplirlo. Tengo miedo a que, si no lo hago, pueda dejar de creer en mi, y sólo me quede el “algo” intangible en lo que creer. El caso es que me dije que sólo volvería a actualizar cuando viviera algo que me hubiera encantado de Bruselas. Y aun queriendo dejar de lado espiritualismos, es innegable que vino del cielo.

 (No me nieguen que tiene su toque romántico)


Puede que al final lo único que tenía que hacer con esta ciudad fuera unirla con algo tan natural como la lluvia. Puede que fuera lo que necesitaban los adoquines para cobrar fuerza, para gritarle al mundo que están ahí, que también se les puede mirar y no únicamente pisar. Ya sea caminando debajo de las incesantes gotas (técnicamente y a ser posible con un paraguas entre la las mismas y tú); disfrutando con amigos en alguno de los bares del centro, guarecidos del frío y desgañitándoos entre la música siempre alta; o bien desde la ventana de tu casa con un buen café… Puede resultar mágico. Porque quizás Bruselas sea como aquel café soluble que nadie tomaría sin haberlo mezclado antes con una gran cantidad de agua, y afortunadamente aquí, desde ahora, de eso no va a faltar.

viernes, 21 de septiembre de 2012

3. Homenaje



 

La entrada de hoy sólo se la dedico a ellos, próximamente prometo actualizar más decentemente, pero hasta entonces si no han visto ya Lost in Translation... de verdad, es imprescindible.


"¿Me guardas un secreto? Estoy organizando una fuga de presos, y busco un cómplice.  Primero hay que salir de este bar, luego del hotel, luego de la ciudad y luego del país. ¿Estás conmigo?"

Bob Harris, Lost in Translation.


Porque creo que en cada viaje que he hecho, he conocido a gente irrepetible, de estas personas que te marcan para toda una vida... Y yo tengo muy buenas vibraciones con respecto a éste.


sábado, 15 de septiembre de 2012

2. La Ruina es Ketchup.

--> Debe ser por aquello de llamarse capital europea y mirar a Madrid, Roma o París con injustificado desdén (a Berlín evidentemente ya no se atreve, no vaya a ser que frau Merkel se cabree), pero lo cierto es que Bruselas se quiere hacer hueco a codazos en un selecto club de capitales mundiales.
Como buena acoplada a cualquier grupo, ha optado por imitar way of act de sus compañeras, eso sí, ensalzando con relleno y push-up unas virtudes que no son para tanto. Porque no les voy a engañar: Bruselas tiene lugares con encanto (y llegarán a mis lectores, aunque no será hoy). Pero carece de un encanto propio y omnipresente que impregne la ciudad.
Es cierto, puede mi nuevo hogar mire ahora a París con aire de superioridad. Al fin y al cabo ahora la gente la mira atenta, la llama para hacer planes, la invita a las fiestas del fin de semana y su Smartphone está siempre vibrando con nuevos mensajes. Pero da igual, y ella lo sabe. Ella no es la guapa del grupo. Nadie aquí gritará nunca, jamás, algo como “¡Oh Dios! ¡Una panadería cualquiera en una calle cualquiera! C’est fantastique!”
Si algo nos han enseñado Disney Chanel y sus series sobre adolescentes inadaptadas es que la mejor forma de entrar en un grupo que se autodefina (o bien lo definan desde fuera y no le importe) como “X”, es ser la más “X” de todas. Esto extrapolado a la ecuación de las metrópolis europeas se traduce como X = CARO. Y aquí Bruselas ha hecho muy pero que muy bien sus deberes.
Sólo una capital de este continente puede tener la cara suficientemente dura como para ofrecerte una mísera habitación en las afueras, del tamaño “Barbie presidiaria”, con una ventana con vistas al pasillo de una casa compartida con otras nueve personas y pedirte a cambio 400 euros, eso sí, gastos incluidos. Ah, y por cierto vendiéndotela como si fuera una ganga de la hostia. Aunque lo peor, claro está, es que quizás hasta lo sea realmente. (1)
Y pese a que sin duda el alojamiento se lleva la palma, no es lo único caro en esta ciudad. Cafés a 3 euros, cañas a 4, el transporte público sin abono 2.5€ el sencillo, olvídate de museos gratis por ser estudiante, sal a cenar sin mirar bien dónde y prepara 20 euros por persona. Y por cierto, opta por McDonals y desembolsa 0.60 céntimos por cada unidad de kétchup que te apetezca pedir (¡¡¡CIEN PESETAS POR EL KÉTCHUP!!!). Y es que aquí después de los Starbucks sin wifi aterrizaron los McDonals donde el kétchup es artículo de lujo, dejando claro que el American Dream no tiene cabida aquí, en la ciudad que ha hecho del europeísmo un modo de entrar a un club al cual no pertenecería de no ser por cuatro edificios desde los cuáles se controlan las migas sobre las que que frau Merkel no tiene tiempo o interés de decidir.
¿Y por qué, se preguntarán ustedes, no huye uno despavorido hacia la “bella” (otra que tal…) Alicante? Pues porque, como ya he dicho antes, Bruselas tiene rincones, zonas, barrios enteros incluso, con encanto. Como éste desde el cuál les escribo, una cafetería del centro, donde sí, el café vale 3 euros, pero al menos tiene nata y caramelo por encima. Y las mesas y sillas son viejas, pero a la vez poseen, como de vez en cuando la ciudad que las acoge, ése aura cálida que sólo las cosas viejas y carcomidas pueden emanar, si se hace un esfuerzo por apreciarlas.



 
(1) Afortunadamente la habitación antes descrita no es la mía, que tendrá entrada propia, y ya digo que seguramente se titule “Silent Hill”. No digo más.

domingo, 9 de septiembre de 2012

1. Bienvenidos


Comienzo la primera entrada del blog que me he auto-obligado a escribir sobre mi estancia orgásErásmica, en Bruselas, y lo hago desde uno de los buques insignia del imperio norteamericano como pueda ser un Starbucks Coffee. Eso sí, el único de todo Bruselas según dice Google.


Como todo en Bruselas, hasta a mi refugio puede encontrársele pegas. No porque yo sea un quejica, que puede ser también, pero al fin y al cabo… ¿desde cuándo Starbucks no tiene una red wifi?. Ésta es una ciudad de contrastes, hay quien dice que o se la odia o se la ama, es seguro que acabaré acercándome a uno de los dos extremos, pero me permitirán mis lectores (¿de verdad va a leer esto alguien que no sea yo?) que me tome algunos días más de contacto para posicionarme.


(¿En serio acabo de decir que necesito días para juzgar algo? Parece que la Erasmus me va a hacer madurar a marchas forzadas…)


Mi primera impresión de Bruselas fue inempeorable, y lo bueno de las cosas inempeorables (y sí, soy consciente de que he dicho una palabra inventada dos veces en menos de dos frases) es que sólo pueden mejorar. Eso sí, lentamente.


Si lo tuviese que etiquetar en Facebook mi relación sentimental con Bruselas estaría en “Es complicado” de esos que la gente pone sólo para hacerse la interesante. Porque no nos engañemos, nada es complicado. Nosotros lo hacemos complicado para no aceptar la clara verdad que se esconde detrás. No es complicado entender que tu relación sentimental complicada viene dada porque sales a escondidas con alguien casado, lo que te convierte claramente en “la otra”. No es complicado entender que tienes un amor platónico desde hace años, lo que te convierte claramente en una soltera crónica que basa sus expectativas relacionales en una mentira. Tampoco es complicado entender que ni me gusta Bruselas ni me deja de gustar. Pero claro. Nadie en este mundo se etiquetaría claramente en Facebook como “La otra”, “Soltera crónica” o “Autor de un blog sobre la vida en una ciudad de la cual carece de opinión firme”.


Así que aquí me encuentro, en el único Starbucks del corazón de Europa, degustando un Earl Grey que no se ha endulzado lo más mínimo pese al terrón de azúcar y los dos sobrecitos de edulcorante que le echado, escuchando una línea musical que me gusta pensar que es Jazz aunque no esté seguro (escuchar Jazz mientras se escribe es tan de hombre cultivado…) y pensando en si ésta no será una carta de presentación un tanto agridulce para mis lectores. Pero bueno, ni yo soy Woody Allen ni este blog es Vicky Cristina Barcelona. Si buscaban algo que exaltara cada centímetro de la capital belga, o que admirara ese monigote meón de medio metro de bronce como si se tratara del apoteosis del arte de la escultura, se han equivocado de lugar.


Si deciden continuar, sean bienvenidos. Igual al final de esta experiencia se les/nos despierta un cariño especial hacia esta ciudad, o quizás (esto sólo ustedes que siguen a tiempo) vayan corriendo a por un corrector ortográfico y le pongan un pegote blanco a esta ciudad en todos los mapas y atlas que tengan en casa, sólo los próximos cinco meses podrán decirlo.